Esfenoides. La llave del Cráneo

El hueso Esfenoides es un hueso que forma parte del cráneo y, en muchas ocasiones, es un gran desconocido para aquellos que únicamente están acostumbrados a observar éste desde su parte externa. Recitamos casi de memoria los huesos que forman este gran conjunto: Frontal, Parietales, Temporales, Occipital… En esta lista suele haber dos grandes olvidados, dos huesos que, son poco perceptibles (aunque sí tienen alguna porción a la vista) desde el exocráneo, pero que a su vez son dos estructuras muy representativas. Por un lado encontramos el hueso Etmoides, formando gran parte de las cavidades nasales y, en menor medida, de la cavidad orbitaria y, por otro lado, el hueso Esfenoides.

El misterio que envuelve al hueso Esfenoides comienza con su propia forma, pues parece poseer forma de insecto o de mariposa. Presenta un cuerpo central, con una hendidura en su cara superior de gran tamaño denominada silla turca, que alberga a la glándula Pituitaria o Hipófisis. Ésta es en ocasiones considerada como la “glándula madre”, pues controla directamente la producción de hormonas de otras glándulas del organismo. Además, la parte posterior de dicho cuerpo se articula con el hueso Occipital a través de la sutura Esfeno-Basilar (SEB), última zona de osificación de toda la gran bóveda craneal, ya en la edad adulta.

Pendiendo de la parte inferior y lateral del cuerpo del esfenoides, aparecen dos apófisis a modo de “patitas”, las denominadas apófisis pterigoides, que darán origen entre otros a dos músculos directamente involucrados en la masticación (los músculos Pterigoideos lateral y medial). Nuevamente del cuerpo, en su poción lateral y anterior, nacen las “alas” de nuestro insecto óseo; por un lado las denominadas alas mayores del esfenoides, que conformarán la sien en su parte más lateral uniéndose al hueso parietal, temporal y frontal en un punto denominado Pterion. Por otro lado, encontramos las llamadas alas menores, abriendo paso desde el interior del cráneo al exterior ya que conforman la parte posterior de la cavidad orbitaria. Entre éstas, aparecen estructuras tan importantes como el Nervio Óptico y la Arteria Oftálmica, imprescindibles para la visión, así como otros nervios craneales involucrados en el movimiento de nuestros ojos.

Se trata, por tanto, de una estructura ósea con un papel fundamental en el trayecto y protección del sistema nervioso, así como está relacionado con la masticación, el habla y nuestros sentidos. Muchos autores además, le colocan el sobrenombre de “la llave del cráneo” ya que es el único hueso que tiene a su disposición articularse con el resto de los huesos del mismo, de ahí que se erija como un hueso “fetiche” para los practicantes de la Osteopatía Sacro-Craneal.

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